FIESTA DE LA VIRGEN DE IDOYA: LUNES DE PENTECOSTÉS
FIESTA DE LAS IDOYAS: PRIMER SÁBADO DE JULIO

ERMITA Y ERMITAÑOS

 Ermita de Ntra. Sra. de Idoya

Al llegar a la villa roncalesa de Isaba, sin subir al pueblo, desde el mismo puente parte un camino estrecho y medianamente empedrado que invita al paseante, sea romero o turista, a un paseo extraordinariamente agradable en el que el murmullo del Ezka (Esca) le acompañará en el primer tramo.
El camino hacia la ermita de Idoya, de apenas 900 metros de longitud, se convierte en un susurro constante de sonidos naturales, en donde el canto insistente del petirrojo y el estridente mirlo ponen la nota musical más sobresaliente.
El sendero, después de dejar en su lado derecho, colgada sobre el río, la fuente de San Pedro, se sumerge cuesta arriba en un estrecho pasillo vegetal en el que la noche parece adelantarse unas horas, y el paseante, siguiendo el rústico Via Crucis, se convierte momentáneamente en peregrino de la más bella ruta mariana. Ya en el tramo final, con el santuario a la vista, el camino llanea antes del último repecho, delimitando algunas huertas que sobreviven en lo que antaño fue balsa, o idoya (zona de juncos), justo allí donde la leyenda popular situa la aparición milagrosa de la Virgen.
Llegar a la ermita cualquier día del año, y tanto más si se llega en primavera, debe de ser algo así como la entrada al cielo; y la comparación no quiere pecar de exagerada -al menos así lo reconocerá quien lo haya vivido-. Los cuidados y el mimo con los que Felipe Ipas, izabar y ermitaño del lugar, aplica a este paraje con el cuidado del césped, la escrupulosa limpieza de los alrededores y su afición por las flores, hacen rememorar una y otra vez esa primera estrofa de los gozos a la Virgen de Idoya: En este valle os plantásteis / del campo flor olorosa / y con su fragancia hermosa / todo el término bañasteis; / desde entonces le formásteis / paraíso terrenal.


LA ERMITA, UN EDIFICIO DEL SIGLO XVI

La ermita de la Virgen de Idoya goza de la categoría de Santuario. Construida en el siglo XVI, configura en su aspecto exterior un gran bloque rectangular con muros de sillar adornados con tres contrafuertes marcando los tramos, y otros diagonales en las esquinas de la cabecera.
En su interior alberga una nave de tres tramos con sendas capillas a la altura del crucero, y cabecera recta. En el presbiterio, tras una verja de forja de mediados del XVI, un bello retablo de hacia 1700 acoge a la imagen titular.
Adosada a la ermita está la popularmente conocida como Casa de la Cofradía, o del ermitaño, con puerta de acceso fechada en 1800.


ERMITAÑOS

Un acta de 1661 sobre las provisiones que tiene Isaba de vino, carne y aceite, alude a la reserva de mercancia para que el ermitaño de Idoya la encube.
         De los ermitaños que ha tenido la basílica de Ntra. Sra. de Idoya conocemos los siguientes nombres: Pedro Josef Gorrindo (1799), José Francisco Negarra (hasta 1865), Ciprian Anaut (desde 1865), Felipe Ipas (desde 1990).
         El 5 de junio de 2006, lunes de Pentecostés, los vecinos de Isaba aprovecharon la fiesta de la Virgen de Idoya para rendir un homenaje al ermitaño Felipe Ipas a quien entregaron una placa; en su honor se bailó el ttun-ttun y se cantaron algunas jotas. Respondió él a este homenaje con unas palabras de agradecimiento en las que animaba a buscar continuidad a todo lo que se hace en torno a la Virgen de Idoya.

 El ermitaño Felipe Ipas